HOJA PARROQUIAL (Diciembre-2011)
ADVIENTO

Por una libertad Religiosa

        Queridos hermanos, con la fiesta de Cristo Rey, el Domingo pasado, concluíamos el año litúrgico dando paso a un nuevo año, en el que con nueva esperanza y renovada alegría queremos celebrar todo el Misterio de Dios, el Misterio de nuestra Salvación.

        Pero en este número de nuestra hoja parroquial, por todos los acontecimientos que escuchamos en los medios de comunicación, quisiera tener presentes a tantos hermanos nuestros, cristianos, que en pleno siglo XXI siguen siendo masacrados por la fe y a los que, curiosamente, nada dicen los medios de comunicación, tal vez porque no tengan petróleo o ningún interés económico. En este pequeño planeta más globalizado que nunca, no es posible que haya cuestiones de las que tienen una cierta envergadura, que queden en el anonimato de la ignorancia.

        Hace unos meses nos sorprendíamos con los acontecimientos que sucedían en el mundo árabe de los países mediterráneos. Entre la sorpresa y la euforia, no pocos analistas calificaron de "primavera árabe" o de "caída del muro árabe" lo que estaba sucediendo en Túnez, lo que luego sucedió en Libia y lo que sigue sucediendo en Egipto. En un reciente viaje a Roma, tuve la oportunidad de escuchar el testimonio de varias personas que trabajan pastoralmente en esas zonas. Era un relato fraterno que no tenía detrás intereses políticos o económicos, sino sencillamente testimoniar el sufrimiento de tantas personas inocentes, de tantos niños y mujeres, que a diario se les quitaba la vida o se la condicionaba para siempre arrancando la esperanza de sus corazones. Más conmovedor era todavía el relato con el que ellos contaban la persecución, la conculcación de derechos humanos básicos, y finalmente la masacre de las comunidades cristianas en aquellos lares.

        Todo movimiento social tiene su contraste y ambivalencia, que es preciso sopesar con una razón asistida por la justicia y la libertad, esas que nos salvaguardan de la ideología y del fanatismo. Hemos asistido a manifestaciones en Europa recientemente, como asistimos a estas que se están dando en otros países árabes. Siempre tenemos la tentación simplista de entronizar o demonizar, cuando la realidad nos impone más bien la justa mesura sin complejos y sin precipitaciones, para poder evaluar lo que de positivo, de ambiguo o de negativo pueda tener un movimiento en nuestra sociedad. Porque con la mejor buena intención o con una irresponsable ingenuidad podemos saludar como primavera algo que está escondiendo nuevos y crudos inviernos, si continúan amparando las mismas o peores intolerancias, violencias y falta de derechos, aunque sean otros quienes las gestionen.

        Para los amigos del buenismo tibio y desinformado, es bueno recordar las palabras de Will Durant: "Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro". Nosotros como cristianos no quisiéramos ser conquistados por nadie, y por el contrario queremos y podemos dialogar con todos, no en un encuentro vacío de compromiso y de traición a la propia identidad, sino desde la lealtad de ofrecer nuestra perspectiva católica en la vida pública, como quien comparte lo que a nosotros se nos ha concedido inmerecidamente de parte de Dios, cuya herencia y patrimonio, la Iglesia custodia, defiende, celebra y anuncia con fidelidad creativa y con apasionada pasión.

        El Papa ha vuelto a levantar la voz por quienes en estos momentos peor lo están pasando: los cristianos en Egipto. Recemos por este antiguo país como nos ha pedido el Santo Padre, para que la paz y la justicia, la libertad y la dignidad, les ayude a ver germinar la verdadera primavera que traiga frutos de bien. Porque la verdadera primavera que llena de luz y esperanza nuestra vida, se ve en los frutos, no en el calendario o en las apariencias.

Jesús de la Cruz. Vuestro Párroco               

ESQUEMA DEL ADVIENTO

        Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y ermina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1º, 2º, 3º y 4º de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.

        El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.

        Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".

        Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad: ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares?. Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los  vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento como signo de vigilancia y deseos de conversión.

II Domingo, la conversión, la predicación de Juan Bautista.

        Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios?. En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.

        Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.

III Domingo, María, la Madre del Señor.

        Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.

        Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela de la Corona de Adviento.

IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús.

        Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela de la Corona de Adviento.

EL ADVIENTO

        Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:

        - Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

        - Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

        - Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.
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