DE NUEVO, ENERO
Hace sólo unos días estrenábamos un nuevo año, que deja correr el calendario cristiano un año más mientras se nos va cayendo el pelo o nos aumentan las canas. "Feliz año nuevo", nos hemos dicho todos. "Año nuevo, vida nueva", hemos vuelto a soñar como queriendo aspirar en serio a lo que la mediocridad cotidiana nos niega una y otra vez. No, no es una broma; tampoco es una frase hecha sin más. Cuando hace unos días tantos se volvían a reunir para el rito de las uvas de medianoche, el chinchín del cava y los brindis de los mejores deseos para el año apenas estrenado… estábamos ante algo más serio de lo que pudiera parecer.
Se me ocurre que debemos estrenar algo que de suyo es eterno como eterno es Dios: el viejo sueño de felicidad para el que todos hemos sido creados. Es una extraña paradoja esa de estrenar lo que es eterno, pero así nos lo demanda lo mejor y más verdadero de nosotros mismos. Por eso es y será siempre sencillo este gesto de estrenar. Cada uno sabe el qué, pero, muchas veces el estreno más hermoso es el de volver a tomar lo que torpemente hemos abandonado; o el de volver a ilusionarnos con lo que una vez llenó de luz y de color nuestros ojos; o el de pedir perdón y saber ofrecerlo, poniendo fin a cuitas y enfados; o estrenar el amor y desempolvar la fe, tan amenazados ambos por la cultura de la caducidad al uso.
Pero es inevitable, por más que suceda todos los años, hemos vuelto a caer en lo mismo. Y la gente lo comenta en todos los sitios por doquier, e incluso hasta lo grita con la cara con un aire rarete, acaso tristón y cansino al tener que volver a empezar la faena de los días laborables sin sorteos de lotería ya, sin zambomba y sin turrón.
Nuestras calles tan festivamente iluminadas se han ido poco a poco desenchufando para volver a su habitual claroscuro. Los seductores escaparates de las tiendas también se han desmontado para indicarnos en el mejor de los casos el cartel de las rebajas con el que recabar nuestra atención distraída. Los chavales, de nuevo han tenido que volver al cole, sin haber aprendido las instrucciones de los regalos que trajeron los Reyes Magos, tan informáticos ellos últimamente. Y muchos padres se habrán sentado a calcular de algún modo el ajuste forzoso de sus cuentas, tras tanto gasto en las fiestas pasadas, y tras tanto trecho en la cuesta pendiente de enero que se sigue empeñando en tener dirección única y siempre hacia arriba.
Podría parecer que todo se ha vuelto a terminar… tan pronto, y que nuevamente nos ha caducado el festejo por más que algo secreto en nuestros entresijos más nuestros sueñe gozos y cantares de los que no terminan jamás. Pero la realidad se nos impone: hay que volver al tajo en una marcha cotidiana que nos resulta hosca y torpona.
No vamos a decir que somos de piedra los cristianos. También a cada uno de nosotros nos cuesta subir las cuestas, cada uno con su edad y circunstancia. Pero el reclamo que es preciso invocar en estos días como una saludable ayuda que nos sacuda la inercia y nos arranque del tedio, es el reclamo de cómo Dios lo es también en los días laborables y no sólo en los festivos. Que Él al encarnarse ha querido abrazar toda nuestra vida, y acompañarla en todos sus tramos, porque Él no es una coartada que pone entre paréntesis el aburrimiento de nuestra vida un ratito, sino Quien arrancándonos de la nada de todos nuestros absurdos y tristezas, nos regala el ser que nos reviste de fiesta en todo momento pase lo que pase.
La esperanza, la alegría, la Vida con letra mayúscula, el don que supone que Dios se haya hecho hombre, no se puede desenchufar ni desmontar. La cuesta de enero es una ocasión magnífica para testimoniar esa grandeza de la fidelidad del Señor, que nos permite vivir luminosos y festivos el comienzo de un nuevo año en la trama de lo cotidiano.
¿QUÉ ES UNA PARROQUIA?
"La Parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular cuyo cuya pastoral bajo la autoridad del Obispo diocesano se encomienda a un párroco como pastor propio". (Código de Derecho Canónico)
La Parroquia, más que un lugar, debe de ser :
- Una Comunidad en conversión .
- "Un solo Señor, una fe, un solo Dios, y Padre"
- Es acción y compromiso.
Pertenecer a una determinada parroquia no está solo en haber recibido Sacramento del Bautismo en la misma o en vivir dentro de la demarcación establecida por decreto o por ley ni en el haber recibido en ella algunos sacramentos; está en sentirla , está sobre todo en tomar parte activa en los actos de la Comunidad Parroquial, está en sentir , pensar, vivir y actuar como miembro activo en la Comunidad Parroquial. Es necesario tener una misma fe, ser testigo de la misma con las obras y celebrarla con los hermanos. La Parroquia, en definitiva, es una casa, un hogar, una familia; es una MADRE.
NUESTRA PARROQUIA
Nuestra comunidad cristiana, como todas las parroquias presta unos servicios sacramentales y de evangelización.
Vive la fe, comparte la fe y la celebra con los hermanos. La Parroquia no agota su misión iniciándonos en la experiencia cristiana.
En ella la experiencia crece, madura y se comparte de modo permanente. A través de la catequesis, de la formación cristiana, del trabajo y profundización en el conocimiento del Evangelio, se hace más presente en la familia, niños, jóvenes y ancianos; se hace presente en las alegrías, en la soledad y en el dolor. Cuando en la parroquia falta esta experiencia del evangelio se convierte:
- El trabajo pastoral en actividad profesional.
- La evangelización en propaganda religiosa.
- La liturgia en ritualismo vacío.
- La acción caritativa en servicio social o filantrópico.
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