Capítulo

3

Las virtudes infusas del Espíritu Santo

Las virtudes infusas son hábitos que Dios infunde en el alma (entendimiento y voluntad) para que pueda realizar actos sobrenaturales de forma connatural, bajo la luz de la fe. Estas virtudes nacen de la gracia santificante, que diviniza la esencia del alma, y perfecciona las facultades humanas para obrar como hijos de Dios.

Se dividen en dos grandes grupos: las teologales, que se refieren directamente al fin último (Dios), y las morales o cardinales, que se ocupan de los medios para alcanzarlo.

Virtudes Teologales

Fe: Proporciona el conocimiento de las verdades sobrenaturales de forma imperfecta (modo humano) y permite la adhesión del entendimiento a la verdad revelada por la autoridad de Dios.

Esperanza: Impulsa al alma a apoyarse en la omnipotencia divina para alcanzar la vida eterna, evitando el pecado de presunción.

Caridad: Es la más excelente de todas; establece una verdadera amistad entre Dios y el hombre, permitiendo amar a Dios por su propia bondad y al prójimo por Dios.

Virtudes Cardinales

Prudencia: Dirige los actos humanos juzgando rectamente loque debe hacerse en cada momento según la fe.

Justicia: Regula las obligaciones hacia Dios y el prójimo. De ella derivan otras virtudes como la religión (culto a Dios) y la piedad.

Fortaleza: Robustece al alma para afrontar dificultades y peligros en el camino de la virtud, aunque dentro de los límites de la potencia humana.

Templanza: Se encarga de moderar y frenar las tendencias desordenadas, especialmente los placeres carnales.

Autores
Categorías

Siguiente capítulo